
Capítulo L - 2ª parte de la lectura colectiva en el blog "La Acequia" de Pedro Ojeda Escudero (sin traducción al inglés).
------------------------------------------------------------------------
Chapter 50-2nd part of our joint reading in Pedro Ojeda Escudero's blog "La Acequia" (without an English translation).
------------------------------------------------------------------------
Ya sabemos quienes zurraron a la doña Rodríguez y pellizcaron a nuestro Quijo. ¡La asquerosa, odiosa duquesa y Altisidora! La duquesa porque al oirle a la doña hablar de las fuentes en sus piernas le dió los siete males y Altisidora porque se sintió agraviadísima al escuchar que la hija de la dueña no le llegaba a las suelas de sus alpargatas.
La ignominiosa duquesa decide mandar al paje (que hizo de Dulcinea) con la misiva de Sancho a Teresa Panza y de paso tambien le escribe a la susodicha y le envía "...una gran sarta de corales ricos presentados". Allá se va raudo el paje.
Pasando por un riachuelo se encuentra con varias mozas lavando en el río, pregunta si alguien conoce a Teresa Panza. Casualidad que una de las lavanderas era Sanchica, la hija. Le acompaña a casa de su madre. LLegan. "--Salga, madre Teresa, (me ha recordado a la de Calcuta...) salga, salga, que viene aquí un señor que trae cartas y otras cosas de mi buen padre." Salió Teresa Panza con "una saya parda--parecía, según era de corta, que se la habían cortado por vergonzoso lugar--con un corpezuelo asimismo pardo y una camisa de pechos."
Teresa se queda sorprendida y quiere saber "¿Qué señor es éste?". El paje le dice que es su servidor. Se apea del caballo y se pone "...de hinojos ante la señora Teresa...". Le pide "sus manos...bien así como mujer legítima y particular del señor don Sancho Panza, gobernador propio de la ínsula Barataria." "--¡Ay, señor mio, quítese de ahí, no haga eso--respondió Teresa--, que yo no soy nada palaciega, sino una pobre labradora, hija de un estripaterrones y mujer de un escudero andante, y no de gobernador alguno!"
El paje le dice que "Vuesa merced es mujer dignísima de un gobernador archidignísimo...". Le entrega la carta y el regalo "...una sarta de corales con extremos de oro, y se la echó al cuello y dijo: --Esta carta es del señor gobernador, y otra que traigo y estos corales son de mi señora la duquesa, que a vuestra merced me envía."
Tanto Teresa como Sanchica se quedan pasmadas. Sanchica ya piensa que "...nuestro señor amo don Quijote, que debe de haber dado a padre el gobierno o condado que tantas veces le había prometido." Así es dice el paje, como se comprobará en la carta que trae. Teresa le pide que se la lea porque "...aunque yo sé hilar, no sé leer migaja." La hija le dice que ella tampoco sabe leer pero va a buscar a alguien que sí lo sabe: el cura o...¡SANSÓN CARRASCO! (Ay, qué cerca está este asesino...). El paje le dice que no hace falta porque "...yo no sé hilar, pero sé leer y la leeré".
Lee la carta de la facinerosa donde le hace la pelota descaradamente diciéndole que le manda "una sarta de corales con extremos de oro..." aunque hubiera preferido que "...fuera de perlas orientales..." y a cambio le pide que le envíe dos docenas de "bellotas gordas". Se despide diciéndole que "...si hubiere menester alguna cosa, no tiene más que boquear, que su boca será medida, y Dios me la guarde.
De este lugar, su amiga que bien la quiere, La Duquesa."
Teresa se queda patidifusa con la carta, encantada de saber "...¡qué buena y qué llana y qué humilde señora!" (Ay, Teresita, si supieras...) y sigue una crítica contra las "hidalgas" meapilas que "...van a la iglesia con tanta fantasía como si fuesen reinas, que no parece sino que tienen a deshonra el mirar a una labradora...". Sin embargo la duquesa la trata como igual. Le dice al paje "...en lo que toca a las bellotas, señor mío, yo le enviaré a su señoría un celemín, que por gordas las pueden venir a ver a la mira y a la maravilla." (¿?)
Teresa le pide a su hija que le prepare un buen almuerzo a "este señor". "Güevos y corta tocino adunia...". Mientras, irá a contar la buena nueva a sus vecinas, "...al padre cura y a maese Nicolás el barbero, que tan amigos son y han sido de tu padre". Sanchica asiente aunque le dice que le ha de dar "...la mitad de esa sarta..." porque tambien le pertenece (qué egoista). Teresa le responde que todo es para ella "...pero déjamela traer algunos días al cuello, que verdaderamente parece que me alegra el corazón." (Pobre...). El paje dice que tambien trae "...un vestido de paño finísimo que el gobernador sólo un día llevó de caza, el cual todo le envía para la señora Sanchica."
Teresa salió de casa con las cartas y la sarta al cuello, cuando se encontró con el cura y Sansón Carrasco (grrr...) "...comenzó a bailar...". Dijo que ahora ya "...¡no hay pariente pobre! ¡Gobiernito tenemos!". El cura y el bachiller le preguntan "¿Qué es esto, Teresa Panza? ¿Qué locuras son éstas y qué papeles son esos?" Les dice que no son locuras que ahora ya es gobernadora. Les da las cartas. El cura y Sansón se miran incrédulos. El bachiller le preguntó quién había traido esas cartas. Teresa le responde "... el mensajero, ...un mancebo como un pino de oro." El cura mira y remira los corales, ve que son finos pero le intriga que "...una duquesa envía a pedir dos docenas de bellotas."
Fueron a buscar al paje y le encontraron "...cribando un poco de cebada para su cabalgadura y a Sanchica cortando un torrezno para empedrarle con güevos y dar de comer al paje...". El cura y Sansón le preguntan qué es eso de la ínsula que solo existen en el Mediterráneo y "...no acababan de atinar qué sería aquello del gobierno de Sancho...". El paje les responde "--De que el señor Sancho Panza sea gobernador, no hay que dudar en ello; de que sea ínsula o no la que gobierna, en eso no me entremeto, pero basta que sea un lugar de más de mil vecinos... y en cuanto a las bellotas, digo que mi señora la duquesa es tan llana y tan humilde... quiero que sepan vuestras mercedes que las señoras de Aragón, aunque son tan principales, no son tan puntuosas y levantadas como las señoras castellanas: con más llaneza tratan con las gentes."
Luego pregunta Sanchica si su padre lleva "calzas atacadas". El paje no se ha fijado pero puede que sí las lleve. "--¡Ay, Dios mío--replicó Sanchica--, y qué será de ver a mi padre con pedorreras!" Desde que nació tiene ganas de ver a su padre "...con calzas atacadas". El paje le contesta "...con esas cosas le verá vuestra merced si vive. Par Dios, términos lleva de caminar con papahigo, con solos dos meses que le dure el gobierno."
El cura y el bachiller se dan cuenta "...que el paje hablaba socarronamente; pero la fineza de los corales y el vestido de caza que Sancho enviaba lo deshacía todo..." Teresa le pide al cura que si sabe de alguien que vaya a Toledo, le compre "un verdugado redondo" porque tiene que "...honrar el gobierno de mi marido...echar un coche como todas, que la que tiene marido gobernador muy bien le puede traer y sustentar".
Sanchica ya fantasea viéndose sentada "con mi señora madre en aquel coche" y aunque las cotillas le criticasen "¡Mirad la tal por cual, hija del harto de ajos, y cómo va sentada y tendida en el coche, como si fuese una papesa!" se quedaría tan pancha. Sigue una ristra de refranes entre madre e hija que hace que el cura diga "--Yo no puedo creer sino que todos los de este linaje de los Panzas nacieron cada uno con un costal de refranes en el cuerpo..." El paje asiente porque "...el señor gobernador Sancho a cada paso los dice; y aunque muchos no vienen a propósito, todavía dan gusto, y mi señora la duquesa y el duque los celebran mucho."
A todo esto el bachiller (futuro asesino) no se cree nada. Piensa que son los encantamientos de don Quijote. El paje dice que sí, que es verdad y si quiere verlo él mismo que le acompañe a la ínsula "...véngase alguno de vuesas mercedes conmigo y verán con los ojos lo que no creen por los oídos."
Sanchica se apunta entusiasmada a ir en las ancas de su rocín pero no puede ser porque "las hijas de los gobernadores no han de ir solas por los caminos, sino acompañadas de carrozas y literas y de gran número de sirvientes." Ella insiste porque no es melindrosa y que igual le da ir "...sobre una pollina como sobre un coche." Teresa la manda callar añadiendo unos cuantos refranes mas.
El paje quiere comer ya y marcharse pero el cura le dice "...vuestra merced se vendrá a hacer penitencia conmigo...". Al principio "rehusolo" el paje pero luego acaba cediendo. El cura se queda contento "...por tener lugar de preguntarle de espacio por don Quijote y sus hazañas."
Mientras, el bachiller se ofrece a escribirle las cartas a Teresa pero ésta rehusa "...no quiso que el bachiller se metiese en sus cosas, que le tenía por algo burlón, y, así dio un bollo y dos huevos a un monacillo que sabía escribir..." Teresa le dicta dos cartas, una a su marido y otra a la duquesa.
Seguiremos con LI