viernes, 7 de mayo de 2010

DON QUIJOTE


Capítulo XLVIII - 2ª parte de nuestra lectura colectiva en el blog "La Acequia" de Pedro Ojeda Escudero (sin traducción al inglés)
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Chapter 48 - 2nd part of our joint reading in Pedro Ojeda Escudero's blog "La Acequia" (without an English translation)
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Debido a sus magulladuras gatunas, nuestro Quijo estuvo "seis días sin salir en público". Una noche "estando despierto y desvelado, pensando en sus desgracias y el perseguimiento de Altisidora..." sintió que alguien abría la puerta de su aposento. Pensó que era su admiradora Altisidora, empeñada en que le fuera infiel a la Dulci de sus amores. ¡Ni hablar! NUNCA la dejará de adorar aunque esté transformada "en cebolluda labradora" "ninfa del dorado Tajo" que esté con Merlín o Montesinos "...que adondequiera eres mía y adoquiera he sido yo y he de ser tuyo."

La puerta se abrió. El Caballero de la Triste Figura (nunca mejor dicho...) "Púsose en pie sobre la cama, envuelto de arriba abajo en una colcha de raso amarillo, una galocha en la cabeza, y el rostro y los bigotes vendados--el rostro, por los aruños, los bigotes, porque no se le desmayasen y cayesen". Parecía un fantasma... "Clavó los ojos en la puerta, y cuando esperaba ver entrar por ella a la rendida y lastimada Altisidora, vio entrar a una reverendísima dueña con unas tocas blancas repulgadas y luengas...".

El pensó, al principio, que era "...alguna bruja o maga..." pero cuando se dieron de bruces, los dos se asustaron al verse. Sobresaltada la dueña "...volvió las espaldas para irse..." con tal mala pata que se le cayó la vela (me ha sorprendido que no ardiera la estancia...) se tropezó con sus faldas y dió con su cuerpo en el suelo. Quijo, "...temeroso, comenzó a decir: --Conjúrote, fantasma, o lo que eres, que me digas quién eres y que me digas qué es lo que de mí quieres..." que Quijo le salvará, si es alma en pena aunque sea del purgatorio, porque "...para ésto tomé la orden de la caballería andante...".

La pérfida admite que es la dueña Rodríguez. Nuestro Señor de los Leones quiere saber "...¿por ventura viene vuestra merced a hacer alguna tercería? Porque le hago saber que no soy de provecho para nadie, merced a la sin par belleza de mi señora Dulcinea del Toboso." Cree que está haciendo de celestina y viene a traerle un recado de Altisidora. La dueña le dice que no, que no está para "...semejantes niñerías..." a esas alturas de su vida. Sale del aposento a encender otra vela y le dice que volverá a contarle sus "cuitas".

Quijo, no obstante, se queda mosqueado y piensa "...¿Quién sabe si el diablo que es sutil y mañoso, querrá engañarme ahora con una dueña lo que no ha podido con emperatrices, reinas, duquesas, marquesas ni condesas?... ¿Y quién sabe si esta soledad, esta ocasión y este silencio despertará mis deseos que duermen, y harán que al cabo de mis años venga a caer donde nunca he tropezado? En estos casos "...mejor es huir que esperar batalla." Reconoce que no está en su juicio ¡cómo puede una vieja causar lascivia! (No olvidemos que gallina vieja da mejor caldo...).

Estas dueñas no tienen buenas carnes y suelen ser impertinentes, fruncidas y melindrosas "¡Afuera, pues, caterva dueñesca, inútil para ningún humano regalo! ¡Oh, cuán bien hacía aquella señora de quien se dice que tenía dos dueñas de bulto con sus antojos y almohadillas al cabo de su estrado, como que estaban labrando, y tanto le servían para la autoridad de la sala aquellas estatuas como las dueñas verdaderas!"

En ese momento se lanza a cerrar la puerta para no dejar entrar a la dueña Rodríguez; pero, ella ya estaba allí. No tuvo más remedio que dejarla entrar. Ella pregunta si "...estamos seguras, señor caballero..." Quijo pregunta "...si estaré yo seguro de ser acometido y forzado." Ella pregunta "¿De quién o a quién pedís, señor caballero, esa seguridad?" "A vos y de vos la pido, porque ni yo soy de mármol, ni vos de bronce, ni ahora son las diez del día, sino media noche..." En una estancia así de cerrada debió de ser "...donde el traidor y atrevido Eneas gozó a la hermosa y piadosa Dido." (En el fondo, fondo, creo que estaba deseando yacer--por no decir echar un polvo-- con la dueña...).

Acaban cogiéndose de las manos. "Aquí hace Cide Hamete un paréntesis y dice que por Mahoma que diera por ver ir a los dos así asidos y trabados desde la puerta al lecho la mejor almalafa de dos que tenía." (Esto de la "almalafa", no lo he entendido muy bien... aunque Rico explica que era una chilaba magrebí. Esperaré a la explicación de "La Abejita"). "Entrose, en fin, don Quijote en su lecho, y quedose doña Rodríguez sentada en una silla algo desviada de la cama, no quitándose los antojos ni la vela. Don Quijote se acurrucó y se cubrió todo, no dejando más de el rostro descubierto...".

Quijo le pide que ya puede "...descoserse y desbuchar todo aquello que tiene dentro de su cuitado corazón y lastimadas entrañas..." La Rodríguez le cuenta que es asturiana, de muy buen linaje, que le "trujeron" a Madrid para trabajar de doncella y aprendió a hacer "...vainillas y labor blanca". Sus padres la dejaron sirviendo, luego murieron. Se quedó huerfana. Se enamoró de ella un escudero "...hombre ya en días, barbudo y apersonado, y, sobre todo hidalgo como el rey, porque era montañés." Se casaron, nació una hija y aunque ella no murió en el parto, su marido sí murió. Comenzó a llorar. Contó que murió cuando su ama que la llevaba en las ancas, "...llena de coléra y enojo, sacó un alfiler gordo o creo que un punzón del estuche, y clavósele por los lomos...". El marido gritó de dolor, se retorció y cayó al suelo dando con doña Casilda (que así se llamaba la ama) en el duro asfalto (bueno, tierra prensada). Esto fue causa de muchas burlas por parte del vulgo "...y por esto, y porque él era algún tanto corto de vista, mi señora le despidió, de cuyo pesar sin duda alguna tengo para mí que se le causó el mal de la muerte".

Así se vino al reino de Aragón con su hija que es bellísima, un primor "...Canta como una calandria, danza como el pensamiento, baila como una perdida, (en el S.XVII, ¿se bailaba así, tipo discoteca?) lee y escribe como un maestro de escuela y cuenta como un avariento." "Debe de tener... diez y seis años, tres meses y cinco dias, uno más a menos." (Raro que no lo sepa exactamente...). Se enamoró de "un labrador riquísimo" pero "...debajo de la palabra de ser su esposo burló a mi hija, y no se la quiere cumplir...". La dueña quiere que Quijo "...tomase a cargo el deshacer este agravio...". Luego despotrica contra Altisidora diciendo que no le llega a su nena ni a la suela de los zapatos. Empieza a criticar a la duquesa. Quijo le pregunta qué es lo que le pasa "a mi señora duquesa".

Le dice que su hermosura es debida "...a dos fuentes que tiene en las dos piernas, por donde se desagua todo el mal humor de quien dicen los médicos que está llena." "--¡Santa María--dijo don Quijote--. ¿Y es posible que mi señora duquesa tenga tales desaguaderos?... Pero tales fuentes y en tales lugares no deben de manar humor, sino ámbar líquido. Verdaderamente que ahora acabo de creer que esto de hacerse fuentes debe de ser cosa importante para salud."

"Apenas acabó don Quijote de decir esta razón, cuando con un gran golpe abrieron las puertas del aposento, y del sobresalto del golpe se le cayó a doña Rodríguez la vela de la mano, y quedó la estancia como boca de lobo... Luego sintió la pobre dueña que la asían de la garganta con dos manos, tan fuertemente que no la dejaban gañir...". Mientras otro le alzó las faldas y "...al parecer con una chinela le comenzó a dar tantos azotes, que era una compasión..." (ejem...ejem...). Quijo se quedó petrificado en su lecho. Esperando que no le atacaran pero sí que lo hicieron "...porque en dejando molida a la dueña los callados verdugos...acudieron a don Quijote y, desenvolviéndole de la sábana y de la colcha, le pellizcaron tan a menudo y tan reciamente, que no pudo dejar de defenderse a puñadas, y todo esto en silencio admirable."

Esto duró media hora "...saliéronse los fantasmas, recogió doña Rodríguez sus faldas y, gimiendo su desgracia, se salió por la puerta afuera, sin decir palabra a don Quijote, el cual, doloroso y pellizcado, confuso y pensativo, se quedó solo...".

Seguiremos con Sancho en el XLIX.

18 comentarios:

Myr dijo...

¡Divertidísima tu foto, Merche!

Besotes

Cornelivs dijo...

Estupenda la foto Merche, me ha enantado...! Es uno de los Quijotes mas originales que he visto...!

Besos.

Asun dijo...

A mí también me ha llamada la atención la foto. Me parece superoriginal. Eso sí que es artesanía.

Besos

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Veo que no te apidadas mucho de don Quijote ni de doña Rodríguez...
Lo de la chilaba está claro: cualquier de nosotros hubiera dado algo valioso por ser testigo de esta escena. Cide Hamete da la mejor de sus chilabas de dos que tenía...
¿No hubieras dado nada por estar presente y mirar desde un agujero esta escena nocturna? Pues eso quiere Cervantes: implicarnos más en la obra, como cotillas...
Besos.

Paco Cuesta dijo...

Almalafa:Vestidura moruna que cubría el cuerpo desde los hombros hasta los pies.
La escena es de lo más tierno. Aunque nos pongamos cursis, viene bien cambiar alguna vez.

Merche Pallarés dijo...

MYR, CORNELIVS Y ASUN, gracias por vuestros piropos hacia la foto. Presiento que no habeis ido más allá... Besotes, M.

PEDRO, ¡Gracias por la explicación! Ahora lo he entendido. Pues sí, hubiera sido divertido ver la escena a través del ojo de una cerradura... pero la hemos visto en este delicioso relato cervantino. ¡Qué genial era este hombre, por todos los dioses! Besotes, M.

PACO CUESTA, esta escena es tierna, cómica, pero tambien triste... la vejez...que ya no atrae... Snif... Besotes, M.

Stanley Kowalski dijo...

Ante todo la verdad: Hoy no tengo tiempo de leerlo, tengo un día de locos!!

BESOTES QUERIDA MERCHE, BUEN FINDE Y HASTA EL LUNES!!!!!!!!!!!!!!!!

pancho dijo...

Inquebrantable DQ con su Dulcinea, aunque tentaciones tuvo de desmelenarse, que para algo la gallina vieja tiene más sustancia.

Sólo le habría faltado a DQ un fuego. En la tercera parte por escribir, lo veremos.

¿Te parece que tener contados hasta los días de la edad de su hija es raro?

Me he vuelto a reír con tus observaciones tanto como con Cervantes.

Un abrazo.

Merche Pallarés dijo...

STANLEY, gracias por tu honestidad. Que disfrutes tambien del weekend y de la semana, querido. Muchos besotes, M.

PANCHO, ¡Gracias por haberlo leido! Lo que me sorprendió de la edad de la hija es que la doña dudó. No estaba muy segura aunque, la verdad, sabía las semanas, los días y las horas... Ya sabes que mis comentarios son muy "sui generis", nada eruditos, más bien "sacrílegos"... Besotes, M.

Thiago dijo...

Pero quiénes eran los atacantes...! pobres los dos molidos a palos y pellizcos! Que crueldad.

Y respeto a lo de las velas, es que si te fijas la velas al caerse suelen apagarse bien por el golpe, bien por el aire que generan al caer, si no fuera así, más incendios debería haber en aquella época.


Bezos, cari.

Asun dijo...

MERCHE, si con lo de no haber ido más allá te refieres a no haber leído tu entrada, debo decirte (hablo desde mí lógicamente) que no es así, lo que pasa que te he leído mientras estaba en el trabajo (ssshhhh, que no se entere nadie) y no me daba tiempo a escribir mucho más. Siempre te leo, entre otras cosas –ya te lo he dicho alguna vez– porque me gusta ese punto de humor que le pones a tu relato.

Ahora ya con más tiempo he de decirte que yo también pienso que DQ no está muy seguro de ser capaz de poder resistir la tentación de la carne.

Un beso

Marcelo dijo...

Lo pescaste bien, Merche! (estoy de licencia por unos días...jajajaja)
Un beso!

Merche Pallarés dijo...

THIAGO, lo de los atacantes creo que no lo sabremos hasta el Cap. L, porque en el XLIX vamos con Sancho de nuevo.
Lo que dices de las velas, tiene su lógica si señor. Besotes, M.

ASUN, gracias por tu explicación. El pobre Quijo que en toda la novela no se come una rosca... Así estaba de chalado... Besotes, M.

MARCELO ¡Menos mal que has dado señales de vida! Besotes, M.

Antonio Aguilera dijo...

No podemos negar lo cómicas y ridículas de las escenas que nos presenta hoy Cervantes.
Nos quiere hacer reir a toda costa. Él sentiría envidia de las carcjadas que el pueblo daría en la representación de las comedias de la época, sobre todo con las de Lope.

Nuestro Cervantes no he tenido más remedio que incluir sus "comedias" dentro del Quijote: de esta manera matamos dos pájaros de un tiro; leemos novela y teatro.
O podía también poner un símil algo más burdo: es como el aceite lubricante éste en spray 3 en 1, nuestro Quijote.
De todas formas no podemos negar que su imaginación desborda todo los límites conocidos.

Más besos con la nariz masgullada, cual Quijote (en serio jajaja)

Merche Pallarés dijo...

ANTONIO AGUILERA, Cervan metió todo lo que pudo en su Quijote: poesía, teatro, novela, marionetas...en fin, la lista sería ¡interminable! Este capítulo, tienes razón, es muy risible. Besotes, M.

Abejita de la Vega dijo...

"Entre santa y santo, pared de cal y canto" Así actúan la dueña y don Quijote, estos dos prudentísimos personajes, tan preocupados por su "seguridad". Doña Rodríguez separa , incluso, la silla, por si acaso. El lector se ríe de su gazmoñería.

Doña Rodríguez cree que don Quijote puede hacer algo por el honor de su hija, confía en que el caballero andante deshaga el entuerto. Eso, a pesar de que conoce el montaje. Como dice Pedro, es un Sancho con faldas.


Un abrazo

Alatriste dijo...

La verdad es que puestos a emparejar don Quijote pega más con esta dueña apaleada que con la idílica Dulcinea. Por otro lado, sí Merche, en el fondo se moría de ganas como bien dices, jijiji.

Saludotes

Merche Pallarés dijo...

ABEJITA, y yo que sigo creyendo que la dueña le está tendiendo otra trampa mas... No creo a nadie en ese castillo. Besotes, M.

ALATRISTE, efectivamente creo que la dueña le pega mas a Quijo que la etérea Dulcinea, aunque creo que toda esa sublimación de Dulci es para encubrir su, en el fondo, homosexualidad reprimida.
Es un placer recibir tu comentario. Gracias. Besotes, M.