martes, 18 de mayo de 2010

VENDEDORES DE DIVERSA FORTUNA (2)

"Cuando, ya casi de noche, María salió a la puerta de su casa, observó que Mari Juana hablaba con la mujer del frutero y que ésta se enjugaba las lágrimas con un pañuelo de cuadros.

--¿Qué le ocurre?--preguntó María, creyendo que se trataba de alguna desgracia familiar.

La frutera no tuvo inconveniente en que Mari Juana le pusiese al corriente de lo ocurrido. La mujer había preparado para cenar un plato que a ella la volvía loca: cabeza de cordero. La había condimentado con toda ilusión y esmero, sin que le faltase el perejil, el pan rallado bien empapado en aceite, ni el ajo bien picadito. Mientras iba a hacer unas compras en la tienda de "El Tullido", dejó a su marido, que seguía vendiendo la fruta, al cuidado de la cabeza de cordero que había quedado al rescoldo en el hornillo, bien tapadito dentro de la cazuela. Cuando volvió a la media hora, vio con gran disgusto que su marido, abandonando el negocio, había desaparecido, y la cabeza de cordero también. Como la clientela esperaba, tuvo que atenderla, y así transcurrió otra media hora sin que el frutero diera señales de vida.

--Al fin apareció el muy sinvergüenza de mi marido--concluyó la mujer--. Venía cantando y bailando, agarrado a un amigote que se había encontrado en la taberna. Entre los dos se habían comido la cabeza de cordero. ¡Ahí está, el muy guarro, tirado en el zaguán de la posada, durmiendo la borrachera!

Al dia siguiente de la pequeña tragedia, el frutero, ya refrescado, después de haber enganchado el burro al carro para continuar su recorrido comercial, estaba tomando su desayuno de naranjas con aceite en un lebrillo. Su mujer, malhumorada y hosca, se había subido ya al carro y le esperaba instalada entre los cestos vacíos. En el momento en que se disponían a iniciar la marcha, se oyó un gran griterío.

--¡Que vienen los toros! ¡Que vienen los toros!

La mujer del frutero bajó a toda prisa del carro. Su marido ató el burro a una argolla de la pared, y ambos entraron en la posada.

María que había oido los gritos, subió al primer piso de la casa y salió al balcón.

Levantando una nube de polvo, avanzaban los toros a toda carrera, azuzados por unos jinetes que, a galope, venían tras ellos. Atravesaron la destartalada plaza y embocaron la calle principal. Los garrochistas, con bolas en la punta de los palos, dirigían los toros a toda velocidad, dando voces para que no se desmandaran y siguiesen sin titubeos su camino."

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DIFFERENT LUCKY SALESMEN (2)

At nightfall, when María stepped out of her house, she noticed that Mari Juana was talking to the fruitman's wife who was crying and wiping her tears with a chequered handkerchief.

--What's happening?--María asked, thinking it was some sort of family tragedy.

The fruitwoman didn't mind Mari Juana telling her what had happened.
The woman had prepared a dish for dinner that she adored: lamb's head. She had seasoned it with great care and excitement, didn't lack its parsley, breadcrumbs well soaked in olive oil, and finely chopped garlic. While she went to buy something in "The Crippled's" shop, she left her husband, who continued selling, in charge of the lamb's head which was simmering, well covered inside a casserole, on the stove. When she came back, half an hour later, she was furious to see that her husband, abandoning the business, had disappeared as well as the lamb's head. Since the clients were waiting, she had no other choice but to serve them. Another half an hour passed without signs of her husband.

--At last the scoundrel of my husband appeared--said the woman--. He was singing and dancing, hanging on to a friend that he found at the tavern. Between the two of them, they had eaten the lamb's head. There he is, the filthy scum sleeping his drunkenness in the inn's hall!

The day after the small tragedy, the refreshed fruitman, after tying the donkey to the cart in order to continue their commercial venture, was having his breakfast of oranges with olive oil in an earthen pan. His wife, angry and sullen, had already sat in the cart and waited for him among the empty cases. When they were about to leave, great shouts were heard.

--The bulls are coming! The bulls are coming!

The fruitman's wife quickly came down from the cart. Her husband tied the donkey to a ring on the wall, and both went inside the inn.

María, who had heard the shouting, went up to the first floor and looked out from the balcony.

The bulls, followed by a great cloud of dust, ran straight ahead, egged on by horsemen at full gallop riding behind them. They crossed the ramshackled square, towards the main street. The men with long sticks, which ends had steel balls, directed the bulls at full speed, shouting so they wouldn't disperse and continue their way without hesitating.

16 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Que feliz debía ser ese frutero.
Seguro que no necesitaba ansiolíticos ni antidepresivos.

Y ciertamente a su mujer la cabeza de cordero la volvía loca, especialmente si no la encontraba, jajajajaja

Besos.

Thiago dijo...

Ah! qué susto! pero a ellos no les pasó nada, no? Pensé por un momento que les iba a pasar algo... De cabeza de cordero a cabeza de toros.

Bezos.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Una de las cosas que más me ha llamado la atención de esta entrada es la receta de cabeza de cordero: es exactamente como la prepara mi madre. Y es el plato favorito de mi padre, que lo prefiere a cualquier otra parte de un corderillo.
Besos.

Myr dijo...

Ay leo aquì el comentario de PEDRO y yo venìa a decirte que, no me explico como puede haber carne en la cabeza de cordero o decirse que pueda ser sabrosa. No me lo explico ( tendrìa que probar ese plato). Me encanta la carne de cordero, pata o paleta al horno o costillas a la brasa. Tambièn el Shwarma dee cordero, me resulta delicioso.
Besos

Antònia Pons Valldosera dijo...

Esto era normal. Las mujeres dejaban la comida hecha y al llegar ¡zas! había volado. Un sinvergüenza, cuentan, que dejó los huesos del pollo en la cazuela. Era la cena de la Fiesta Mayor. Y la pobre mujer se había pasado toda la mañana en la cocina.
Son anécdotas que se perpetuan en el tiempo y que jamás se olvidan. Menos mal que entonces no había divorcio.
Goloso y además borracho con amigotes como él.¡Qué joyita!

Asun dijo...

Mmmmmmm. Es la hora de comer y aunque acabo de comer un poco de pasta se me está haciendo la boca agua.
Al igual que la madre de PEDRO, la mía también las preparaba así, con unas pataticas debajo que se iban haciendo con la grasilla que soltaban las cabezas. Era una fiesta el día que había cabezicas. Solía ser el menú de la cena de cumpleaños de mi padre con sus hermanos.

MYR, sí que tiene carne, no como una paletilla, pero se le puede encontrar sustancia, y son buenísimas (para mi gusto, claro).

Besos

Antònia Pons Valldosera dijo...

No me acuerdo de cómo la preparaba mi madre ni mi abuela, pero sé que estaba buenísima.
Lo mismo que "les galtes de porc". A mi marido le vuelven loco pero una es de guisar poco.

amelche dijo...

Fíate de los hombres... sobre todo, vigilando la comida y con amigotes cerca...

Merche Pallarés dijo...

TORO, en esa época ¡ni sabían lo que eran los ansiolíticos ni antidepresivos! Vivían la vida a pelo, comme il faut, querido. Besotes, M.

THIAGO, vamos de cabeza en cabeza...No, no les pasó nada pero con la descripción de esa carrera de toros, te juro, que he tragado polvo... Besotes, M.

PEDRO, nunca he probado cabeza de cordero pero seguro que es deliciosa al igual que las cabezas de pescado que los "connaisseurs" ("connOisseurs" en inglés) dicen que son "bocati di cardinale". Besotes, M.

MYR, a mi tambien me encanta la paletilla, la pierna, las chuletas de cordero pero, como le digo a PEDRO, la cabeza no la he probado. Besotes, M.

ANTÒNIA, mira que dejar los huesos del pollo... ¡Para matarle! Besotes, M.

ASUN, seguro que son deliciosas. Un día de éstos la tendré que probar. Besotes, M.

ANTÒNIA, He probado las "galtes de porc" (cabeza de cerdo) y...¡qué quieres que te diga...! Estaba rica pero muy "heavy" (pesada) para mi gusto. Ahora que me mudaré a Cataluña seguro que me acostumbro pero, prefiero los caracoles a la llauna... y los de Lérida (LLeida) son ¡deliciosos! Besotes, M.

AMELCHE, pues sí, fiáte... Besotes, M.

Merche Pallarés dijo...

AMELCHE, el acento va en la "í" es que con las tildes me armo un lío... Besotes de nuevo, M.

Jan Puerta dijo...

Me estoy poniendo al día con todo lo que has publicado y no había podido acceder. Voy a disfrutar mientras la tarde cae apaciblemente...
Un abrazo

Cornelivs dijo...

Bravo por esa receta...! La conocia.

Besos...!

Merche Pallarés dijo...

JAN PUERTA, ¡ya te echaba de menos! Gracias por la visita. Besotes, M.

CORNELIVS, pues ya sabes, ponte manos a la obra... Besotes, M.

Paco Cuesta dijo...

¡Hombres!

Merche Pallarés dijo...

PACO CUESTA, ay, sí, como sois... Besotes, M.

BIPOLAR dijo...

Este pueblo es un sin vivir, no creo que ninguno en España sea tan animoso.