lunes, 22 de febrero de 2010

LA MISA DE LOS DOMINGOS (1)




"Los domingos, los notables del pueblo acudían a oír la misa en la pequeña iglesia de Candera: el jefe de Falange, el sargento de la Guardia Civil, el alcalde con su mujer, el médico don Joaquín y la maestra de escuela, con una veintena de niñas.

La maestra--según decían, pues apenas se le notaba--tenía una pierna de palo. Había sufrido la amputación a los tres meses de edad, a causa del mordisco de una rata. El maestro, que era lo que entonces se llamaba un librepensador, se las arreglaba, sin mostrar mayor preocupación por el control del delegado de Falange, para no acudir a misa con sus alumnos, como parecía ser su obligacion.

A pesar de que también acudían los de la mina y doña Paquita con su gente, si no hubiera aparecido doña Rocío, la maestra con sus niñas, la iglesia habría estado casi vacía. Los del pueblo apenas la pisaban. Eso sí, cuando había procesión u otra ceremonia cualquiera que conllevara espectáculo, acudían las mujeres, los hombres, los viejos, los niños de todo el pueblo y de los cortijos cercanos, hasta llenar la iglesia, las calles y la plaza de Candera.

Una tarde de procesión, en la que paseaban por el pueblo a un trágico Cristo traído de Andújar, Miguel observó que Justiniana, la mujer del fondista, a quien jamás había visto en la iglesia, rezaba fervorosamente, besando de vez en cuando la tierra con ardorosa unción.

--¡Pero, Justiniana! No sabía que era usted tan piadosa.
--Mire usted, don Miguel--replicó la aludida, la iglesia es una cosa, y a mi no me importa ni me dice "ná"..., pero éste es el "Señó".
--¿Y qué me dice de la Virgen?
A Justiniana no le pareció capciosa la pregunta, a la que contestó con naturalidad:
--Pues verá usted, don Miguel: la Macarena, no sé por qué, no me gusta; la de la Esperanza, no está del todo mal..., pero para mí, la mejor es la Virgen del Rocío." (Continuará)

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SUNDAY MASS (1)

On Sundays, the important village people went to Mass in the little Candera church: the Falange chief, the Civil Guard sergeant, the mayor with his wife, Dr. Joaquín and the female school teacher with about twenty of her pupils.

The teacher--it was said, although it was unnoticeable--had a wooden leg. She had suffered an amputation when she was three-months old due to a rat's bite. The male teacher, who was, as it was known at the time, a "freethinker", got away with not going to Mass with his pupils, which seemed to be his obligation, and was not too worried either by the possible Falange chief's control.

Even though the miners, Doña Paquita and her troupe, also assisted, if it hadn't been for Doña Rocío, the teacher and her girls, the church would have been almost empty. The villagers hardly stepped foot in it. But, if there was a procession or any other ceremony that entailed a spectacle, women, men, older people and children of the whole village and nearby "cortijos" (farms) would come and fill the church, the streets and the Candera square.

One procession afternoon, where a tragic Christ, brought from Andújar, was paraded throughout the village, Miguel noticed that Justiniana, Daniel, the inn-keeper's wife, who he had never seen in church, was fervently praying; now and then, kissing the ground with ardent faith.

--But, Justiniana! I didn't know you were so pious.
--Well, Don Miguel--she replied, the church is one thing and I don't care and doesn't say anything to me..., but this is "the Lord".
--What about the Virgin?
Justiniana didn't perceive the irony of the question, and she answered naturally:
--Well, Don Miguel: Macarena, I don't know why but I don't like her; Esperanza is not that bad..., but for me, the best is Our Lady of Rocío (my note: famous Andalusian virgins, very venerated. "Macarena" doesn't have an English translation; "Esperanza" is Hope and "Rocío" Dew). (It will continue)

21 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Cristianos, musulmanes, hinduistas, budistas, animistas, hebreos, etc... mas ortodoxos, menos ortodoxos, diferentes ramas y corrientes, más fundamentalistas, menos fundamentalistas, etc., en fin... un surtido variado en busca de clientes.

Besos.

Abejita de la Vega dijo...

¡Qué religiosidad más tontorrona!
Fui creyente hasta pasados los treinta años, pero nunca entendí eso de tantas vírgenes distintas.
Un beso, Merche

Cecilia dijo...

La misa, el escaparate de la religiosidad que en otros tiempos daba carta de "moralidad" y de "señorío" a ciertas personas. Aunque en su vida particular fueran gente iracunda y grosera. ¡Cómo se aprovecharon los curas del respaldo que les daba la dictadura! Por eso entiendo que hubiera gente que no creía en ellos, en la iglesia, y sí en los santos.

Abejita de la Vega dijo...

En cuanto a la maestra con las niñas, en los pueblos de Burgos era así. Cuentan de una inspectora que "inspeccionaba" los coches de línea, en los que las maestras volvían a su casa,en la capital. Pretendía que se quedasen en el pueblo para llevar a las niñas a misa , el domingo.
Con los hombres, había más tolerancia, como en Candera. Así ha sido siempre. Doble moral.
Un beso

Cornelivs dijo...

Merche, me has asustado con esa fotografia...! Que los dioses te lo perdonen.

;)

Besos enormes...!

alex dijo...

Suele pasar, la gente al final es mucho más devota de lo que parece, incluso en estos días.

Un beso cielo

Asun dijo...

Ese ir a misa para figurar... me ha parecido siempre taaaaannn faaaaalso.

Me cuesta entender esa devoción tan extrema.

Besos

Jan Puerta dijo...

Una pata de palo que apenas se notaba… A causa del mordisco de una rata…
Uf… aquí hay para sentarse, pensar e imaginar las escenas que a partir de lo comentado suscitan…
Me sigue pareciendo genial.
Un abrazo

Merche Pallarés dijo...

TORO, demasiadas religiones y demasiados dioses a quienes venerar... Tienes razón. Besotes, M.

ABEJITA, yo tambien tuve mi época religiosa cuando Juan XXIII era Papa. Adoraba a ese hombre pero despues de su fallecimiento, pues como que no... Besotes, M.

CECI, demasiada hipocresía, tienes razón. Besotes, M.

ABEJITA, las mujeres, ya se sabe, tenían que cumplir mientras que para los hombres era más fácil escaquearse. Doble moral, cierto. Besotes, M.

CORNELIVS ¡Es la misa de los domingos! Besotes, M.

ALEX, ¿Tu crees que la gente es más devota hoy en dia? Permíteme que discrepe, querido, porque creo que la iglesia ha perdido muchísimos fieles y los sigue perdiendo. Te voy a dar un ejemplo: hace unos años fuí a la Misa del Gallo en la catedral de Ibiza por curiosidad porque no había asistido a una desde mi época adolescente canadiense cuando me encantaban esas misas, abarrotadas de gente con el coro maravilloso cantando villancicos. Me llevé un chasco ¡que no te puedes imaginar! Había unos cuantos gays y un matrimonio con sus cuatro hijos. Por lo demás la iglesia prácticamente vacía. Lo que más me sorprendió es ver a tanto gay asistiendo, cuando la iglesia es tan furibundamente en contra de ellos... En fin... Me llevé una decepción. Besotes, M.

ASUN, el pueblo, como siempre, era sabio. No iban a la iglesia pero a las procesiones, sí. Eso era diferente, además ¡con lo que les gusta a los andaluces el espectáculo! Me parece una actitud genial. Besotes, M.

JAN PUERTA, pobrecita... A mi tambien me ha dejado ese comentario con mal sabor de boca... Besotes, M.

GRACIAS MIS QUERIDOS

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Cómo se marcaba a la gente que no acudía a misa: eran señalados por todos y podía traer consecuencias. De hecho, en las sacas, cuando se acercaban para fusilar a la gente de los pueblos, una de las preguntas que hacían era quién de la localidad no iba a misa...
Besos.

Fernando Manero dijo...

En aquellos tiempos, y si la crónica trata de los años cuarenta, ni dios faltaba a misa ni habia maestros librepensadores. Como dice Pedro Ojeda, el marcaje era total y la misma más que obligatoria. Las iglesias se llenaban, los hombres a un lado, las mujeres, con velo al otro. Los niños con sus padres y las fuerzas vivas en primera fila. No sé de cuando nos habla nuestra cronista, pero la crónica de hoy sí que es bastante librepensadora. Un fuerte abrazo

Merche Pallarés dijo...

PEDRO. ¡Qué alegría recibir tu comentario! Eso de las "sacas" me suena a correos... Besotes, M.

FERNANDO MANERO, sí, la crónica es de los años 40 en plena Segunda Guerra Mundial (por eso lo del wolframio...). Pero por lo que se lee, el maestro sí que se libraba de ir a misa, claro, que era Candera un pequeño pueblo de la Sierra Morena. Supongo que en Valladolid y/o Burgos era MUY diferente y, como dices, TODOS y TODAS tenían que asistir para evitar habladurías y chantajes. Besotes, M.

MeTis dijo...

yo solia ir a misa.

la fe va por dentro y cada uno sabe donde la encuentra.

un beso wapa.

Stanley Kowalski dijo...

Qué católicos más selectivos! Si no había show no iban a la iglesia, y además eran fans de determinadas imágenes!!

BESOTES MERCHE Y BUENA SEMANA!!

Merche Pallarés dijo...

METIS, cierto. "Dios" está dentro de cada uno... Besotes, M.

STANLEY, muchos andaluces son así, cosa que me encanta. Besotes, M.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Querida Merche: como sabes, "las sacas" era la expresión para denominar a la gente a la que "sacaban" de sus casas para fusilarlos sin juicio previo. Qué país el nuestro.

Merche Pallarés dijo...

PEDRO, pues no sabía eso de las "sacas" aunque me imaginaba... ¡Qué HORROR! Besotes, M.

pancho dijo...

The image of a teacher followed by twenty students, like the hen surrounded by her little chickens is quite funny.

Rules used to be more strict with women.

Merche Pallarés dijo...

PANCHO, thank goodness you didn't invent anything this time! Your comment is quite correct... Yes, the teacher with her pupils is like a hen with her chicks following... Women had to put up with a lot of dung at the time... Besotes, M.

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

la religión el opio del pueblo...pero en algo habrá que creer o no??? yo no se ni en lo que creo o si creo o no...besos y gracias por tus palabras.

Merche Pallarés dijo...

TUCCI, vivimos tiempos difíciles para creer o no creer, pero como le digo a METIS creo que "Dios" (si existe) habita dentro de cada uno de nosotros. Besotes y abrazotes, querido Tucci, M.