
Capítulo XLVIII - 2ª parte de nuestra lectura colectiva en el blog "La Acequia" de Pedro Ojeda Escudero (sin traducción al inglés)
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Chapter 48 - 2nd part of our joint reading in Pedro Ojeda Escudero's blog "La Acequia" (without an English translation)
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Debido a sus magulladuras gatunas, nuestro Quijo estuvo "seis días sin salir en público". Una noche "estando despierto y desvelado, pensando en sus desgracias y el perseguimiento de Altisidora..." sintió que alguien abría la puerta de su aposento. Pensó que era su admiradora Altisidora, empeñada en que le fuera infiel a la Dulci de sus amores. ¡Ni hablar! NUNCA la dejará de adorar aunque esté transformada "en cebolluda labradora" "ninfa del dorado Tajo" que esté con Merlín o Montesinos "...que adondequiera eres mía y adoquiera he sido yo y he de ser tuyo."
La puerta se abrió. El Caballero de la Triste Figura (nunca mejor dicho...) "Púsose en pie sobre la cama, envuelto de arriba abajo en una colcha de raso amarillo, una galocha en la cabeza, y el rostro y los bigotes vendados--el rostro, por los aruños, los bigotes, porque no se le desmayasen y cayesen". Parecía un fantasma... "Clavó los ojos en la puerta, y cuando esperaba ver entrar por ella a la rendida y lastimada Altisidora, vio entrar a una reverendísima dueña con unas tocas blancas repulgadas y luengas...".
El pensó, al principio, que era "...alguna bruja o maga..." pero cuando se dieron de bruces, los dos se asustaron al verse. Sobresaltada la dueña "...volvió las espaldas para irse..." con tal mala pata que se le cayó la vela (me ha sorprendido que no ardiera la estancia...) se tropezó con sus faldas y dió con su cuerpo en el suelo. Quijo, "...temeroso, comenzó a decir: --Conjúrote, fantasma, o lo que eres, que me digas quién eres y que me digas qué es lo que de mí quieres..." que Quijo le salvará, si es alma en pena aunque sea del purgatorio, porque "...para ésto tomé la orden de la caballería andante...".
La pérfida admite que es la dueña Rodríguez. Nuestro Señor de los Leones quiere saber "...¿por ventura viene vuestra merced a hacer alguna tercería? Porque le hago saber que no soy de provecho para nadie, merced a la sin par belleza de mi señora Dulcinea del Toboso." Cree que está haciendo de celestina y viene a traerle un recado de Altisidora. La dueña le dice que no, que no está para "...semejantes niñerías..." a esas alturas de su vida. Sale del aposento a encender otra vela y le dice que volverá a contarle sus "cuitas".
Quijo, no obstante, se queda mosqueado y piensa "...¿Quién sabe si el diablo que es sutil y mañoso, querrá engañarme ahora con una dueña lo que no ha podido con emperatrices, reinas, duquesas, marquesas ni condesas?... ¿Y quién sabe si esta soledad, esta ocasión y este silencio despertará mis deseos que duermen, y harán que al cabo de mis años venga a caer donde nunca he tropezado? En estos casos "...mejor es huir que esperar batalla." Reconoce que no está en su juicio ¡cómo puede una vieja causar lascivia! (No olvidemos que gallina vieja da mejor caldo...).
Estas dueñas no tienen buenas carnes y suelen ser impertinentes, fruncidas y melindrosas "¡Afuera, pues, caterva dueñesca, inútil para ningún humano regalo! ¡Oh, cuán bien hacía aquella señora de quien se dice que tenía dos dueñas de bulto con sus antojos y almohadillas al cabo de su estrado, como que estaban labrando, y tanto le servían para la autoridad de la sala aquellas estatuas como las dueñas verdaderas!"
En ese momento se lanza a cerrar la puerta para no dejar entrar a la dueña Rodríguez; pero, ella ya estaba allí. No tuvo más remedio que dejarla entrar. Ella pregunta si "...estamos seguras, señor caballero..." Quijo pregunta "...si estaré yo seguro de ser acometido y forzado." Ella pregunta "¿De quién o a quién pedís, señor caballero, esa seguridad?" "A vos y de vos la pido, porque ni yo soy de mármol, ni vos de bronce, ni ahora son las diez del día, sino media noche..." En una estancia así de cerrada debió de ser "...donde el traidor y atrevido Eneas gozó a la hermosa y piadosa Dido." (En el fondo, fondo, creo que estaba deseando yacer--por no decir echar un polvo-- con la dueña...).
Acaban cogiéndose de las manos. "Aquí hace Cide Hamete un paréntesis y dice que por Mahoma que diera por ver ir a los dos así asidos y trabados desde la puerta al lecho la mejor almalafa de dos que tenía." (Esto de la "almalafa", no lo he entendido muy bien... aunque Rico explica que era una chilaba magrebí. Esperaré a la explicación de "La Abejita"). "Entrose, en fin, don Quijote en su lecho, y quedose doña Rodríguez sentada en una silla algo desviada de la cama, no quitándose los antojos ni la vela. Don Quijote se acurrucó y se cubrió todo, no dejando más de el rostro descubierto...".
Quijo le pide que ya puede "...descoserse y desbuchar todo aquello que tiene dentro de su cuitado corazón y lastimadas entrañas..." La Rodríguez le cuenta que es asturiana, de muy buen linaje, que le "trujeron" a Madrid para trabajar de doncella y aprendió a hacer "...vainillas y labor blanca". Sus padres la dejaron sirviendo, luego murieron. Se quedó huerfana. Se enamoró de ella un escudero "...hombre ya en días, barbudo y apersonado, y, sobre todo hidalgo como el rey, porque era montañés." Se casaron, nació una hija y aunque ella no murió en el parto, su marido sí murió. Comenzó a llorar. Contó que murió cuando su ama que la llevaba en las ancas, "...llena de coléra y enojo, sacó un alfiler gordo o creo que un punzón del estuche, y clavósele por los lomos...". El marido gritó de dolor, se retorció y cayó al suelo dando con doña Casilda (que así se llamaba la ama) en el duro asfalto (bueno, tierra prensada). Esto fue causa de muchas burlas por parte del vulgo "...y por esto, y porque él era algún tanto corto de vista, mi señora le despidió, de cuyo pesar sin duda alguna tengo para mí que se le causó el mal de la muerte".
Así se vino al reino de Aragón con su hija que es bellísima, un primor "...Canta como una calandria, danza como el pensamiento, baila como una perdida, (en el S.XVII, ¿se bailaba así, tipo discoteca?) lee y escribe como un maestro de escuela y cuenta como un avariento." "Debe de tener... diez y seis años, tres meses y cinco dias, uno más a menos." (Raro que no lo sepa exactamente...). Se enamoró de "un labrador riquísimo" pero "...debajo de la palabra de ser su esposo burló a mi hija, y no se la quiere cumplir...". La dueña quiere que Quijo "...tomase a cargo el deshacer este agravio...". Luego despotrica contra Altisidora diciendo que no le llega a su nena ni a la suela de los zapatos. Empieza a criticar a la duquesa. Quijo le pregunta qué es lo que le pasa "a mi señora duquesa".
Le dice que su hermosura es debida "...a dos fuentes que tiene en las dos piernas, por donde se desagua todo el mal humor de quien dicen los médicos que está llena." "--¡Santa María--dijo don Quijote--. ¿Y es posible que mi señora duquesa tenga tales desaguaderos?... Pero tales fuentes y en tales lugares no deben de manar humor, sino ámbar líquido. Verdaderamente que ahora acabo de creer que esto de hacerse fuentes debe de ser cosa importante para salud."
"Apenas acabó don Quijote de decir esta razón, cuando con un gran golpe abrieron las puertas del aposento, y del sobresalto del golpe se le cayó a doña Rodríguez la vela de la mano, y quedó la estancia como boca de lobo... Luego sintió la pobre dueña que la asían de la garganta con dos manos, tan fuertemente que no la dejaban gañir...". Mientras otro le alzó las faldas y "...al parecer con una chinela le comenzó a dar tantos azotes, que era una compasión..." (ejem...ejem...). Quijo se quedó petrificado en su lecho. Esperando que no le atacaran pero sí que lo hicieron "...porque en dejando molida a la dueña los callados verdugos...acudieron a don Quijote y, desenvolviéndole de la sábana y de la colcha, le pellizcaron tan a menudo y tan reciamente, que no pudo dejar de defenderse a puñadas, y todo esto en silencio admirable."
Esto duró media hora "...saliéronse los fantasmas, recogió doña Rodríguez sus faldas y, gimiendo su desgracia, se salió por la puerta afuera, sin decir palabra a don Quijote, el cual, doloroso y pellizcado, confuso y pensativo, se quedó solo...".
Seguiremos con Sancho en el XLIX.










